una carretera nacional...
una autovía.
Autopista y varios semáforos.
El mar. Salado. Húmedo.
Perdí una bola pero gané un amigo (aunq eso llegará con el tiempo)
Me quedo con: la playa [ y sus conversaciones], el tacto de la lluvia, la boca negra de Eristoff Black...
Tijeritas, El Bola Ocho y su hermano... el buen rollo (y un pedacito del malo, porque de ahí también se aprende)...
También me quedo con las curvas sinuosas tomadas a demasiada velocidad, bruscamente sobrepasadas.
La noche de fiesta y la noche de después [una cura para el alma]
Nada salió según lo previsto, pero es que el futuro es imprevisible... como el tiempo,
como los sentimientos, como las reacciones y como las olas del mar en calma.
Un regalo para la vista aquel acantilado... a vista de gaviota, y a golpe de agua contra una rocas.
Esta noche no sabe a Gijón, pero no pasa nada. Los sabores de los viajes quedan en el paladar para siempre, y ayudan a crecer.
Eso lo pensé, lo dije y no me equivoqué.
Y ya está
1 comentario:
Prometo leerte con calma, indagarte despacito palabra por palabra, prometo seguir llevándote el sabor de Gijón.
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