Ya se contaban como varios los días en los que uno se levantaba y veía todos los tejados blancos.
Incluso las calles seguían estando blancas, ¿qué está pasando aquí?
No señores, no era nieve, sino hielo.
Hielo que había surgido de una ola de frío europeo y que había venido a pasar aquí unos días.
No era un hielo corriente. Se había empeñado en enfriar cada callejón sin dueño de la pequeña ciudad, cada centímetro de aquel árbol en mitad de un parque. Solitario como era, no le sería fácil encontrar algo de calor donde desahacerse de tanto hielo místicista...
Entre tanto, los pájaros seguían volando... y, como cada día, las rapaces volvían a casa después de un duro día de trabajo en el vertedero. Hoy no traían nada que comer para sus polluelos...
Qué cara está la vida para estos pobres pájaros!
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