Vuelvo a mi sitio en aqul lugar lúgubre y frío, donde las paredes chorrean soledad.
Me siento dentro del sentimiento colectivo, pero el propio grupo no me consuela. No puedo dar consejos, porque para mí no los tengo, pero, al mismo tiempo, me faltan los ánimos de los consejos ajenos.
Me falta ese icono sonriente al final de las frases de aliento...
Porque, en la ciudad oscura, todos caminamos bajos las estrellas, pero sólo uno se encarga de encender las farolas: ¿porqué te has ido, sereno? Me has dejado sin luz...